Gobernando el vacío. La banalización de la democracia occidental

Peter Mair, Prólogo realizado por Francis Mulhern, Madrid, 2015, Alianza Editorial, Alianza ensayo.

Introducción

El presente trabajo versa sobre el libro Gobernando el vacío (2015) del politólogo ya fallecido en 2011 Peter Mair[1].

Peter Mair, Prof. de Política Comparada en el European University Institute (EUI)

Con el ánimo de hacer un recopilatorio que sintetizase su activo estudio de la política occidental, se publicó póstumamente, gracias a la inestimable ayuda de Francis Mulhern. Pese a que el título pueda parecer ambiguo o poco claro, el subtítulo, que dice así: “la banalización de la democracia occidental”, es nítido. Cabe esperar que si el subtítulo es tan contundente el contenido del libro también lo sea. Es por ello, que la posición del autor es muy sesgada, y no lo es en el típico plano ideológico izquierda-derecha, sino en el eje optimista-pesimista. Podríamos bien decir que Peter Mair tiene una visión realista, cruda, en definitiva, negativa de la democracia occidental. Ese tono se desprende de su continuado uso de conceptos que no dejan en buen lugar a las tendencias del fenómeno partidista como: vacío, partido cártel, partido catch-all (atrapalotodo), etc. El libro parte de una reflexión muy sugerente:

“Los partidos están fracasando porque la zona de interacción (…) se está vaciando”

Peter Mair, Gobernando el vacío.

En cuanto a la estructura del libro Gobernando el vacío (2015) está dividido en cuatro capítulos, a saber: (I) El final de la participación popular; (II) El desafío del gobierno; (III) La retirada de las élites; (IV) La democracia popular y el sistema político de la Unión Europea.

  • El final de la participación popular

Como explica la primera parte del libro, la ciudadanía se ha alejado de la política. La volatilidad del voto ha aumentado y, a la vez, ha disminuido, en general, la participación. Eso manifiesta un desinterés que deviene en un voto inestable, impredecible y un electorado que merma.

Los partidos políticos y los ciudadanos se han alejado. La retirada es mutua y este matiz es fundamental. Muchos de los estudios politológicos suelen poner el acento en una de las partes[2], pero no lo toman como un mismo proceso de distanciamiento. Ese vaciamiento de la política parece resolverse de dos formas: (i) mediante los populismos de extrema derecha; (ii) mediante a la introducción de instituciones no-mayoritarias (técnicas) como la UE o el FMI.

Peter Mair plantea que hay una serie de indicadores que son una señal de este fenómeno (el vacío).

(i) La participación electoral es el primero de los indicadores de la serie e indica cómo la party identification desde la década de los 80’ vía participación está en declive prácticamente en todas las democracias consolidadas y no muestra indicios de recuperarse. Nos indica la caída de las lealtades partidistas. A menor participación mayor indiferencia y volatilidad: “En Europa occidental en su conjunto, los años noventa presentan el índice máximo de volatilidad electoral” (Mair, 2015: 48).

(ii) La volatilidad electoral que “[…] mide hasta qué punto sus pautas de voto muestran estabilidad y congruencia en el tiempo en cuanto a la distribución de sus preferencias partidistas” (Mair, 2015: 46), es el segundo de los indicadores escogidos por P. Mair para mostrar esta tendencia. A medida que la desafección crece entre el electorado aumenta también la imprevisibilidad, aleatoriedad y volatilidad electoral. Esto nos indica la caída de las lealtades partidistas[3].

(iii) Surge aparejado a esta caída la aparición del voto dividido, esto es, “[…] los votantes optan por un partido en un ámbito electoral y por otro partido en un ámbito distinto, ha aumentado en todos los casos” (Mair, 2015: 53). En paralelo a ello, vemos como cada vez más, los votantes están menos dispuestos a decidir por anticipado. El compromiso electoral se ha licuado[4].

(iv) Por último, aunque no menos importante, encontramos las cuotas de afiliación a los partidos que no han parado de decrecer. Mair (2015: 54), siguiendo a Van Biezen (2009, et al.,) sostiene que la “[…] disminución parece característica de todas las democracias consolidadas”.

  • El desafío del gobierno

En este capítulo, Peter Mair expondrá, por un lado, las profundas transformaciones que experimenta el partido político el cual en términos ideológicos no hará más que atenuarse y en términos sociológicos tratará de “atraparlo todo”. Por otro lado, bosqueja los retos por los que pasan nuestras democracias en un contexto de desafección como el presente. La polarización ideológica tan presente en las páginas de la historia del siglo XX, motor de la democracia de partidos se diluye. Como contra partida los partidos antisistema que clásicamente habían sido los socialistas son sustituidos o bien por la moderación (a la izquierda) o bien por el populismo (a la extrema derecha). El capítulo se centra en el periodo en que aparece la llamada tercera vía, acontecimiento que acabó de quebrar la mermada identificación izquierda-derecha.

Los Consensos de Washington supusieron no solo la superación de los Acuerdos de Bretton Woods, sino la configuración de una red de instituciones supranacionales que debilitarían paulatinamente la soberanía de los Estados y, por extensión, de sus respectivas democracias. Una transformación económica sin precedentes que pondría en jaque al sistema de partidos tradicional.

Como veníamos diciendo, el partido político muta, ahí reside su capacidad adaptativa. Aunque en el proceso puede crear confusión y desencanto. Es el caso del fenómeno catch-all parties[5] el cual ha subsumido el programa y las diferencias ideológicas a la carrera electoral. Sumado a ello, en un mundo sobresaturado audiovisualmente, en donde los mass media contribuyen a generar ruido, desde luego, no ayuda que estén proliferando partidos de coalición. Todo ello dificulta la comprensión de los lineamientos partidistas, complicando la trazabilidad de responsabilidades de los respectivos ejecutivos. La rendición de cuentas, el mecanismo de control esencial del que disponía el ciudadano queda atrapado en una maraña incomprensible de instituciones.

Llegados a este punto entramos en la segunda parte del libro. En ella se tratará de dar cuenta de la retirada por parte de las élites políticas y de la introducción de elementos no-mayoritarios en los procesos de decisión política filtrados por la UE.

  • La retirada de las élites

En este capítulo Mair hace un repaso de gran cantidad de literatura especializada que se ha centrado en la problemática de la gobernanza y en el evidente distanciamiento de las élites con respecto a la ciudadanía. Ello parte de la siguiente reflexión del irlandés: “[…] se mortifican por el vaciamiento de la política de masas, en la práctica (…) hay una tendencia clara en equiparar la retirada ciudadana con la retirada de las élites (…) El alejamiento es mutuo” (Mair, 2015: 88) que le lleva -en mi opinión y como se ha apuntado- a su principal aportación. Esto es, tratar de integrar un proceso (retirada de las élites) con el otro (retirada de la ciudadanía) como explicación de un todo.

Si bien a lo largo de la primera mitad del siglo XX los partidos de masas respondían a los intereses de aquellos electores a los que se debían, es decir, el sistema de partidos era un reflejo directo de los aspectos socioeconómicos[6], en el momento en que los partidos se integran en el estado comienza todo un proceso de cartelización que los enquista en el Estado. El partido era legítimo en tanto en cuanto se asemejaba, se identificaba con sus bases de apoyo. Hubo un tiempo en que garantizaba al mismo tiempo representación y legitimidad. El partido político se cerró, de alguna manera, en sí mismo dando prioridad a sus “funciones procedimentales”.

  • La democracia popular y el sistema político de la Unión Europea.

En este capítulo nos muestra el vaciamiento producido por la tensión entre el Estado-nación (y sus métodos tradicionales de democracia popular) y el sistema político de la Unión Europea (y sus nuevas formas de democracia). En realidad, cuando nos referimos a la Unión Europea, nos referimos a un constructo[7] jurídico-político muy particular que “[…] por definición (…) es un sistema que no puede funcionar democráticamente” (Mair, 2015: 128). La falta de un demos europeo, la lógica aún vinculada a los intereses nacionales, la escasa integración política, la introducción de mecanismos no-mayoritarios (más cercanos al lobbismo que al parlamentarismo), el escaso margen de maniobra en las cuestiones esenciales, y la devalorización de la democracia de partidos se deben a que la UE se ha estructurado en base al fomento de la despolitización (vía socialización, vía contagio, vía aprendizaje Mair, 2015: 125-126). Este es uno de los rasgos más característicos del proyecto europeo según Mair (2015: 126-127): “[…] reducir la significación real y percibida de los procesos democráticos tradicionales: si la política pierde peso, también lo pierde la democracia (…) el conflicto político está vaciándose de contenido en Europa, por Europa”.

La banalización de la democracia europea y sobre todo de las formas tradicionales de democracia ha motivado que se hagan “[…] grandes esfuerzos por redefinir la legitimidad a fin de que pueda dar cabida a la Unión Europea como sistema político que no es democrático en un sentido convencional” (Mair, 2015: 142).

Quizá el principal problema sea que, pese a que se nos dé la oportunidad de participar y se nos conceda el poder estar representados en Europa “[…] no se nos concede el derecho a organizar oposición en el seno del sistema europeo” (Mair, 2015: 144). 

En conclusión, si ya Bernard Manin (2015) advertía de la trascendencia del paso a una “democracia de audiencias” en las que el ciudadano quedaba relegado a la condición de espectador, el resultado no puede ser otro que el de estar “[…] asistiendo a la aparición de una idea de democracia a la que se está despojando de su componente popular, alejándola del demos” (Mair, 2015: 22).

Por todo ello, la obra de Peter Mair resulta esencial. Condensa de forma sencilla y accesible a todos los públicos la trayectoria de una dilatada carrera y aporta valiosas herramientas, sobre todo, de cara a afrontar los retos que se vislumbran en el horizonte.

BIBLIOGRAFÍA

Mair, P. (2015). Gobernando el vacío. La banalización de la democracia occidental [1ª Edición]. Madrid, España: Alianza Editorial. ISBN: 978-84-9104-166-5.

Manin, B. (2015). Los principios del gobierno representativo [4ª reimpresión]. Madrid, España: Alianza Editorial. ISBN: 978-84-206-2904-9.

Rodríguez Aguilera, C. (2017). Manual de partidos políticos. Barcelona, España: Huygens Editorial. ISBN: 978-84-15663-75-1.


[1] Peter Mair fue un laureado politólogo irlandés profesor de política comparada en el Instituto Universitario Europeo de Florencia. Estudió Historia y Ciencias Políticas en la Universidad de Dublín. Continuó su trabajo como profesor adjunto en diversas universidades del Reino Unido durante los años ochenta. En 1987, en la Universidad de Leiden se doctoró con una tesis que posteriormente se estandarizó académicamente en el estudio del sistema de partidos irlandés. En 1990 escribió su primera obra junto con Stefano Bartolini; Identity, Competition and Electoral Availability. Esta sería galardonada por la Unesco con el premio Stein Rokkan en Investigación Comparada de Ciencias Sociales. Siguió su carrera como profesor en la Universidad en la que había realizado el doctorado. En 2001 se convirtió en coeditor de la revista científica West European Politics. Finalmente, en 2005 volvió al Instituto Universitario Europeo, en el que había trabajado como profesor adjunto con anterioridad, para dedicarse a la investigación en campos como la democracia, la indiferencia ciudadana y los partidos políticos populistas. Murió a la temprana edad de 60 años en agosto de 2011. Se especializó en política comparada, en concreto, en el estudio de los partidos políticos y en los sistemas de partidos. Por ello, podemos concluir que esta obra póstuma (que aquí abordaremos) es fruto de años de trabajo y recoge un amplio conocimiento sobre la materia.

[2] Imputando la “culpa” también en exclusiva a una de las partes.

[3] Por lealtades de partido, Peter Mair (2015: 52) entiende: “[…] el grado en que los votantes se identifican o simpatizan con partidos políticos concretos”.

[4] Como veremos más adelante esto se debe a la metamorfosis que ha sufrido el partido político en los últimos tiempos, así lo atestigua el profesor Cesáreo Rodríguez Aguilera de Prat en su Manual de partidos políticos (2017): “En efecto, frente al elector-militante (“creyente”) se generaliza el elector-consumidor (instrumental)”.

[5] Otto Kirchheimer ya en el año 1966 advertió que el cambio se produjo “cuando el auge del nuevo partido atrápalotodo (…) intentó terminar con el antiguo énfasis en los fuertes vínculos de representación y se propuso cambiar (…) la efectividad en profundidad por una audiencia más amplia y un éxito electoral más inmediato” (Kirchheimer en Mair, 2015: 93).

[6] Ello, explica Mair, tiene que ver con la construcción por parte de los partidos de sus bases de apoyo estables en dos momentos diferenciados. Por un lado, (i) la previa pilarización de clases, luego la estrategia de los partidos de (ii) agrupar a tales grupos -valga la redundancia- y fidelizarlos a su proyecto, lo que se conoce como encapsulamiento. Ambos conceptos muy propios en la literatura politológica anglosajona, pero de poco arraigo en nuestro país.

[7] Efectivamente, conviene ir aceptando, entonces, que la “[…] Unión Europea es un constructo, un sistema diseñado y construido por arquitectos constitucionales” (Mair, 2015: 133).

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